
En el tratamiento de aguas, el rendimiento y el cumplimiento de los estándares dependen en gran medida de la cinética de desinfección. Si se aumenta la tasa de flujo, los métodos convencionales no logran reducir adecuadamente la carga microbiana sin causar otros problemas. A escala industrial, el UVC es la única solución práctica para lograr este objetivo.
Lo que realmente importa, desde un punto de vista técnico
Nuestras lámparas de mercurio y galio para UVC se diseñan teniendo en cuenta el control espectral y la densidad de irradiación. El vapor de mercurio permite obtener una longitud de onda de 254 nm, justo donde el ADN y el ARN microbiano son absorbidos, lo que impide su replicación. Las variantes con dopaje de galio permiten ajustar la longitud de onda entre 260 y 280 nm, lo que permite una mejor eficiencia cuántica por fotón.
Estas fuentes de luz se combinan con reflectores dicroicos de alta reflectividad y mangas de cuarzo diseñadas para transmitir bien la radiación UVC, de modo que la intensidad de la luz permanezca estable en el agua. La intensidad máxima de irradiación supera los 120 mW/cm² en la superficie de las mangas, y la dosis administrada se mantiene constante dentro del rango deseado.
Por qué funciona en la práctica
En los canales de flujo continuo, el tiempo de contacto con la luz se mide en segundos. La alta intensidad de irradiación de las lámparas permite administrar más de 40 mJ/cm² en exposiciones de pocos segundos, lo que permite eliminar rápidamente las bacterias y protozoos, sin necesidad de químicos. La intensidad de la luz se mantiene estable durante 8,000–10,000 horas, por lo que las variaciones en la dosis son mínimas.
El sistema puede escalar desde unidades piloto hasta sistemas de tamaño completo, sin necesidad de modificar la geometría de las cámaras. Además, la densidad de potencia permite un diseño compacto.
Qué hay que tener en cuenta
La intensidad del UVC disminuye a medida que se acumula suciedad en las lámparas. Es necesario establecer intervalos de mantenimiento regulares, monitoreando la corriente de las lámparas y verificando la dosis administrada. La temperatura operativa y las turbulencias en el flujo también afectan la uniformidad de la dosis; por lo tanto, el diseño hidráulico debe adaptarse al diseño de las lámparas.
Recomendamos realizar mediciones radiométricas periódicas y compensaciones automáticas de la potencia de las lámparas, para mantener la dosis dentro del rango adecuado.